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Desnudando la pornografía

Es irónico un título como este pues, aparentemente, la pornografía lo muestra todo. Sin embargo, detrás, tanto del consumo como de la industria, la devastadora realidad es que la pornografía está destruyendo personas, matrimonios, familias y por lo tanto, generando un impacto sin precedentes en la sociedad.

Es importante mencionar algunas cifras que nos ayudan a situar el consumo de pornografía en su justa dimensión: un problema de salud pública. Según el documental Brain-Heart-World de la organización Fight the New Drug, el 80% de los jóvenes en el mundo consume pornografía a diario; es decir, cerca de 960 millones de jóvenes. La pornografía constituye cerca del 30% de las búsquedas en internet a nivel mundial y cerca del 33% de las mujeres menores de 25 años la consumen.

Estas cifras son alarmantes pues constituye grandes y significativas proporciones de la población mundial que se halla inmersa en este flagelo. Sin embargo, para entender la profundidad del problema es necesario responder esta pregunta: ¿qué tanto daño puede causar el consumo de pornografía en la persona? La respuesta a esta interrogante es mucho más profunda de lo que pareciera pues al daño físico que genera, hay que agregarle las consecuencias neurológicas, psicológicas, afectivas y espirituales.

Cuando nos exponemos a la pornografía, nuestro cerebro toma una fotografía 4D y recibe un hiper estímulo que hace que una serie de componentes químicos como la dopamina, oxitocina, delta fosB, entre otros, sean segregados de una manera desproporcionada que desequilibra el sistema de recompensa y le hace recordar qué fue lo que ocasionó ese estímulo para asegurarse de volver a repetirlo. Esto empieza a desarrollar una ritualización a partir del comportamiento compulsivo de su consumo que deriva en ingobernabilidad; es por esto, por lo que muchos científicos hoy la catalogan como la droga del siglo XXI.

A nivel psicológico, hay problemas de autoestima y aceptación ya que los estándares que se observan en este tipo de contenido muestran todo menos lo que el sexo realmente es y mucho menos, la grandeza del acto sexual. Por otro lado, se busca la réplica de todo lo que se ve y la pornografía se ha convertido en el manual del abusador, puesto que según los últimos estudios el 88% de los videos pornográficos contienen violencia física y verbal hacia la mujer.

En la dimensión afectiva y espiritual, la pornografía impermeabiliza el corazón para el encuentro con el amor verdadero y no exclusivamente con el amor humano, sino, principalmente, el amor de Dios, que es desde y hacia donde surge el amor por el prójimo. Esto se da porque el consumo de pornografía conlleva la práctica de una serie de antivalores que incapacita el desarrollo de valores actitudinales y trascendentales importantes en las relaciones como la empatía, la capacidad de entrega y el sacrificio. El consumidor busca, única y exclusivamente, la satisfacción de sus propias “necesidades” y en este ciclo continuo se debilitan esas virtudes importantes que permiten relaciones con vínculos afectivos sanos.

A nivel social, se han encontrado fuertes vínculos entre la industria pornográfica y la trata de personas, lo cual supone que cada click, aparentemente inofensivo y anónimo, es un nivel de violación hacia las personas víctimas de este flagelo.

Ante esta realidad, es una necedad considerar la pornografía como arte, terapia de pareja o curso de educación sexual para jóvenes; la pornografía es una pandemia que genera cientos de millones de damnificados por sus secuelas.

¿Qué podemos hacer? ¿Cómo salir de ella? Al igual que el problema, la solución es integral. La pornografía es sólo la punta del iceberg; son muchos los detonantes que existen para que las personas inicien su consumo y deben ser abordarlos física, psicológica, afectiva y espiritualmente. Es vital darle un giro de 180º a la visión de la sexualidad para poder empezar a dejar la pornografía atrás, Se abraza el valor y el amor de Dios para que sea más fácil dejar el antivalor.

El mejor escenario de apoyo para un camino libre de pornografía es la familia, donde un individuo debería, idealmente, conocer y aprender los valores que hacen a los seres realmente humanos, a través del acompañamiento, la escucha y la dirección hacia un especialista, en caso fuera necesario.

Actualmente, hay muchos programas que buscan ser el antídoto de esta pandemia. En Juvid hemos desarrollado el Proyecto 180º para quienes están viviendo este problema y para quienes quieran apoyar a otros a salir de él. Sabemos y creemos que existe y es posible una vida grandiosa después de la pornografía y en donde es posible vivir el verdadero amor.