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Familia Sexualidad

Acto conyugal

Por: Yessica Rosales de Chay

Varios años atrás, me encontré en medio de una conversación con señoras casadas, aproximadamente 20 años mayores que yo; poco a poco la conversación fue adquiriendo tintes de confianza y nos adentramos en el tema de la sexualidad; específicamente, la sexualidad en el matrimonio. Difícilmente, recuerdo aquella plática en la que todas fueron aportando un poco de su experiencia; sin embargo, un comentario en particular llamó mi atención:

“¡Ay sí! Yo, por ejemplo, después del cansancio de todo el día y ya en la cama, sé a lo que viene mi esposo, así que me volteo, me hago la dormida para que no me pregunte y eso me funciona, ¡garantizado!”

En el fondo de mi corazón y yo aún soltera e inexperta, resonó un deseo de algo distinto. Me impresionó tanto porque era la primera persona casada a la que oía decir, abiertamente, su deseo de evadir un acto conyugal.

Estoy segura que en el noviazgo por la novedad del enamoramiento el deseo de darse está a mil, pudiendo confundir nuestro deseo de intimidad y a pesar de su belleza, ese acto llevado a cabo en ese contexto es una miseria frente a lo que verdaderamente es y hace más daño que bien a la persona y a la relación. Por eso, me resulta irónico que al momento de estar ya en el matrimonio donde la entrega de los esposos se debería vivir en santa plenitud y con frecuencia, la vida de familia, los quehaceres de la casa y del trabajo y los hijos hagan de esta entrega, la milla extra de los cónyuges.

Hoy, felizmente casada con un esposo increíble y dos hermosos hijos entiendo que Dios, habiendo hecho resonar aquel deseo en mi corazón, había preparado algo muchísimo más grande para vivir en el matrimonio. Una forma que corresponde y sacia el deseo profundo del amar verdadero, aquel que todas las personas tenemos inscrito en el corazón…la verdadera entrega, la verdadera donación.

Cuando el acto conyugal se vive dentro del contexto del matrimonio y se es consciente de su significado, se prepara, no para “saber y ser un experto en el tema”, sino para adquirir las virtudes que nos permitirán amar plenamente y experimentar la delicia palpable de los fines que este tiene: unir más a los cónyuges y la procreación.

De algunas personas he escuchado que debes llegar siendo un experto en sexualidad al matrimonio, “conócete a ti mismo explórate, colecciona más experiencias, aprende toda clase de posiciones para poder llegar y presentarle todo un portafolio de opciones a tu cónyuge”. Esos consejos, lamento decirlo, son un engaño; mientras más los lleves a cabo peor amante serás. ¿Por qué?

Porque el acto sexual conyugal es un acto de donación total recíproca, libre de egoísmo, lujuria y hedonismo, en el que le dices con tu cuerpo “Te pertenezco, soy solo tuya, totalmente tuya y para siempre tuya”.

Esto es posible solo cuándo la donación es auténtica y total. En la práctica el autoconocimiento y autoerotismo previo te hace ser menos consciente del verdadero significado de las relaciones sexuales y de la otra persona. Fuera del matrimonio, la relación sexual deja un vacío y un sentimiento de ser utilizado o estar utilizando a la persona.

¿Existe la posibilidad de sexo exitoso? Si hablamos de los sentimientos que ya hemos mencionado anteriormente como lujuria, hedonismo, pasión, locura sí, sí puede ser exitoso más, difícilmente, será duradero. El sexo exitoso es aquel donde ambas personas se sienten amadas, comprendidas, aceptadas y sanadas.

Cuando entendemos esta grandeza, maravilla y valor somos capaces de hacer pequeños esfuerzos venciendo el cansancio, pereza o comodidad en pos del otro, haciendo de esta entrega una invitación al amor, al trabajo en equipo a pesar de los años, un descubrimiento dinámico de las formas en las que el otro se siente amado para mantener el enamoramiento a flor de piel.

Y así tiene lugar una entrega libre, total, fiel y fecunda que materializa el plan santificador de Dios, siendo fiel reflejo del amor recíproco entre Dios Padre y Dios Hijo de donde procede el Espíritu Santo; entrega que renueva la Gracia que es conferida a los cónyuges con su sí en el altar.

Como visionarios en busca de la santidad, los esposos debemos cuidar siempre el don de nuestra sexualidad para ese momento de entrega plena en el acto conyugal.

87 replies on “Acto conyugal”

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